Prensa

Jun 212010

Emprendamos Juntos – Entrevista

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“Rosa Basteiro de Radio Nacional de España entrevista a Martin Mayer para su programa “Emprendamos Juntos“.

 

“Hoy les vamos a hablar de una solución que puede ser la salvación de algunas pymes en estos tiempos de crisis, se trata de las fusiones de empresas, la búsqueda de nuevos socios o la reinvención de los negocios.”

 

Abr 222010

¿Impulso al capital riesgo?

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Leo en Expansión (edición digital), que el Gobierno prepara una deducción para fomentar el capital riesgo. Se trataría de establecer una deducción del 10% de las cantidades aportadas por el contribuyente al capital riesgo.

 

 

Evidentemente, se trata de un proyecto (quién sabe si solamente un “globo sonda”), pero de entrada ya veo una serie de limitaciones que me hacen pensar más en una medida propagandística que en una medida realmente efectiva. Por ejemplo:

  • el capital riesgo, incluso el de menor tamaño, necesita reunir cantidades muy respetables de fondos para su operativa
  • no está nada claro que un particular pueda aportar cantidades mínimamente significativas para la actividad de capital riesgo
  • todos sabemos que las deducciones se quedan en cifras realmente ridículas la mayor parte de las veces (hay limitaciones de cantidad, de porcentaje sobre la cuota, etc.)
  • en la actividad de capital riesgo el beneficio está en las plusvalías que van a producirse en la venta de las participaciones
  • los beneficios fiscales deberían aplicarse a las plusvalías (de las que nada se dice) y no a las aportaciones iniciales de fondos
  • un pequeño beneficio fiscal no diluirá, lamentablemente, la terrible aversión al riesgo que existe en España (donde parece que un tercio de los estudiantes universitarios pretenden ser funcionarios, …)

 

Me temo que, en el mejor de los casos, la medida va a provocar que alguna entidad bancaria cree algún vehículo de inversión (tipo fondo de inversión) que permita aplicar esa deducción y poco más. El capital riesgo exige cierta implicación de los inversores, en términos de definición de las políticas de inversión y desinversión, información de participadas, etc., que no parecen muy acordes con la situación el particular que aporta 1.000 euros y se deduce 100 euros de su factura fiscal.

 

Los reales beneficios fiscales del capital riesgo están en cómo se trata la plusvalía obtenida, no en cómo se favorece la aportación inicial de fondos.

 

Precisamente, todos los analistas coinciden que en el mercado hay mucha liquidez y pocos buenos proyectos en los que invertir. Por cierto, conozco casa de capital riesgo que más o menos públicamente manifiestan que de cada 100 proyectos que se les presentan acaban inviertiendo en 2 o como mucho 3. Por tanto, el problema no es cómo acumular los fondos iniciales. El problema está en otra parte.

 

Esperemos que esta visión esté completamente equivocada. Deseo ser sorprendido.

Abr 222010

¿Impulso al capital riesgo?

LEER

 

Leo en Expansión (edición digital), que el Gobierno prepara una deducción para fomentar el capital riesgo. Se trataría de establecer una deducción del 10% de las cantidades aportadas por el contribuyente al capital riesgo.

 

 

Evidentemente, se trata de un proyecto (quién sabe si solamente un “globo sonda”), pero de entrada ya veo una serie de limitaciones que me hacen pensar más en una medida propagandística que en una medida realmente efectiva. Por ejemplo:

  • el capital riesgo, incluso el de menor tamaño, necesita reunir cantidades muy respetables de fondos para su operativa
  • no está nada claro que un particular pueda aportar cantidades mínimamente significativas para la actividad de capital riesgo
  • todos sabemos que las deducciones se quedan en cifras realmente ridículas la mayor parte de las veces (hay limitaciones de cantidad, de porcentaje sobre la cuota, etc.)
  • en la actividad de capital riesgo el beneficio está en las plusvalías que van a producirse en la venta de las participaciones
  • los beneficios fiscales deberían aplicarse a las plusvalías (de las que nada se dice) y no a las aportaciones iniciales de fondos
  • un pequeño beneficio fiscal no diluirá, lamentablemente, la terrible aversión al riesgo que existe en España (donde parece que un tercio de los estudiantes universitarios pretenden ser funcionarios, …)

 

Me temo que, en el mejor de los casos, la medida va a provocar que alguna entidad bancaria cree algún vehículo de inversión (tipo fondo de inversión) que permita aplicar esa deducción y poco más. El capital riesgo exige cierta implicación de los inversores, en términos de definición de las políticas de inversión y desinversión, información de participadas, etc., que no parecen muy acordes con la situación el particular que aporta 1.000 euros y se deduce 100 euros de su factura fiscal.

 

Los reales beneficios fiscales del capital riesgo están en cómo se trata la plusvalía obtenida, no en cómo se favorece la aportación inicial de fondos.

 

Precisamente, todos los analistas coinciden que en el mercado hay mucha liquidez y pocos buenos proyectos en los que invertir. Por cierto, conozco casa de capital riesgo que más o menos públicamente manifiestan que de cada 100 proyectos que se les presentan acaban inviertiendo en 2 o como mucho 3. Por tanto, el problema no es cómo acumular los fondos iniciales. El problema está en otra parte.

 

Esperemos que esta visión esté completamente equivocada. Deseo ser sorprendido.

Mar 152010

Algunas cosas que hemos aprendido (2/2)

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Continuando la línea argumental del post anterior, no me cansaré de insistir en que esto de las fusiones y adquisiciones tiene que ver con cualquier tamaño de empresa, grande o pequeña. Ahora bien, cuando el tamaño de la operación no es muy grande, observamos de forma repetitiva ciertas características:

 

 

  • la empresa no está del todo bien formalizada, ni organizativamente ni a nivel de control interno ni operativamente
  • no hay separación entre propiedad y gestión
  • la contabilidad es defectuosa o, al menos, poco desarrollada, y en la mayoría de ocasiones sirve básicamente para pagar los impuestos (no para gestionar la empresa eficientemente)
  • se contabilizan gastos personales de los socios (muchas veces directivos), lo cual penaliza la rentabilidad que la empresa enseña al mundo
  • dejan de contabilizarse ingresos (la famosa “caja B” o como queramos llamarla)
  • se hacen trampas con los stocks, al alza o a la baja en función de lo que se pretenda (aumentar o reducir los beneficios declarados)
  • se pagan sueldos o remuneraciones no de mercado a ciertas personas, siempre o casi siempre relacionadas con la propiedad de las acciones o participaciones de la empresa

 

Resultado: penalizamos la rentabilidad de la empresa aunque, eso sí, nos “reconfortamos” con la reducción de la factura fiscal.

 

Craso error.

 

A nadie le gusta pagar impuestos y menos si percibimos que éstos son excesivos y que, además, el dinero recaudado, NUESTRO dinero, no se utiliza bien (en inversiones de dudosa conveniencia, en subvenciones a sectores pequeños pero con gran poder de bloqueo de la economía o del día a día de los ciudadanos, en pagar a hordas de funcionarios que nadie controla o que se controlan poco, etc.).

 

Ahora bien, en un mercado, el europeo, donde hay un grado importante de transparencia (con algunos meses de retraso nuestra competencia tiene acceso a nuestras cuentas anuales), esta manera de hacer es errónea, inconveniente y hasta peligrosa.

 

Y es que nunca sabemos cuándo vamos a estar inmersos en una operación corporativa. Estamos siendo permanentemente observados no solamente por el Fisco sino también por competidores o inversores. Si nos vemos envueltos en una operación de M&A, el precio que obtengamos por la empresa se verá reducido DE ENTRADA por:

 

  • la rentabilidad oficial que hemos enseñado al mundo (a Hacienda y al Registro Mercantil)
  • los riesgos fiscales en que hemos incurrido por esos gastos que no eran exactamente deducibles o de la actividad y por esas ventas que no hemos declarado (el comprador nos pedirá muchas garantías y/o reducirá el precio dispuesto a pagar)

 

Los compradores, los inversores, no son tontos. Quien está dispuesto a pagar varios millones de euros (o inlcuso cantidades muy inferiores) no es un loco, no cuentes con ello. Los compradores se asesoran previamente con gente como yo (y con gente mucho mejor y más preparada, por supuesto) y todo lo que te pueda contar desde aquí ya lo tienen en cuenta y tres veces mas.

 

Ah, por cierto, los compradores no pagan el dinero B, entre otras cosas porque no puede demostrarse su existencia (tenerlo apuntado en una libreta de anillas no es una prueba, como tampoco lo es tener una empresa adicional definida en la contabilidad, no nos engañemos). No quiero negar que no haya veces que el tema del B no se hable pero creedme que complica todo muchísimo, hasta el punto de que no pocas operaciones se “caen” por este motivo. Veréis:

 

  • el comprador no se cree que haya B, de modo que en la valoración que hace de la empresa no incorpora esa parte de ventas
  • además, el comprador (para protegerse, claro, y para rebajar de paso el precio) calcula de la forma más pesimista posible los riesgos fiscales asociados al B que el vendedor le ha dicho que tiene
  • finalmente, si se llega a alguna clase de compromiso respecto al B, por ejemplo dejando para el futuro una parte del precio si es que el comprador, una vez amo de la empresa, comprueba que efectivamente existe ese B, ese compromiso es de difícil documentación y dudoso cumplimiento

 

En definitiva, el B complica las operaciones.

 

La verdad es que a medida que el tamaño de la empresa va aumentando, existe una mayor profesionalización del equipo directivo, una contabilidad más desarrollada y ajustada y, quiérase o no, una reducción de la cantidad de B que la empresa maneja. De una u otra forma, van tapándose, reduciéndose, los problemas que enunciaba al principio de este post.

 

Y es que no es lo mismo gestionar nuestra empresa con la perspectiva de continuar siendo nosotros los propietarios y máximos ejecutivos o vernos envueltos en una operación corporativa. En la primera situación podremos soportar el riesgo de llevar la empresa como la llevan la mayoría de PYMEs, en el segundo caso es más que posible que los riesgos, problemas y consecuencias de no hacer las cosas escrupulosamente tenga unos costes elevadísimos (en términos de pérdida de la oportunidad, pérdida de precio, necesidad de dar garantías muy fuertes, etc.).

 

¿Tendremos tiempo y margen de maniobra para adecuar nuestra empresa a la legalidad vigente cuando nos veamos envueltos en una operación de fusión o adquisición?

Oct 132009

Algunas cosas que hemos aprendido (1/2)

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En el campo de las finanzas corporativas y de F&A hay muchísimos mitos, muchas poses de cara a la galería, mucha parafernalia y mucho ego, en definitiva, que ciertamente han ayudado a crear una imagen de que es una materia reservada a grandes empresas o corporaciones y a profesionales muy sofisticados. Nada más lejos de la realidad.

 

 

Aunque es verdad que las operaciones que aparecen en los periódicos son de tamaño enorme o por lo menos muy considerable, nadie puede negar que, computados en número de operaciones, las operaciones medianas o, mejor, las operaciones pequeñas ganan por goleada.

 

Esto es también cierto si lo aplicamos a las operaciones de capital riesgo (ya hablaremos de ellas más adelante y en detalle). Si uno mira las estadísticas disponibles, resulta que la mayoría de operaciones de capital riesgo son de una magnitud de alrededor de 1 millón de euros. Es decir, mucho más pequeñas de lo que podría esperarse o de la idea que tiene la mayoría de empresarios.

 

Tanto en fusiones y adquisiciones como en operaciones de capital riesgo, no obstante, se observa que si en lugar de computar el número de operaciones tenemos en cuenta el capital total que ha cambiado de manos, entonces observamos una gran concentración en pocas operaciones. Lógicamente, esas grandes operaciones acaparan la mayoría de titulares de los medios de comunicación generalistas (o incluso en la prensa económica). Eso contribuye a que se piense que las finanzas corporativas (incluidas F&A y el capital riesgo) tienen que ver, casi esclusivamente, con grandes empresas.

 

Siempre me ha llamado mucho la atención la cantidad de noticias que ven la luz, aún antes de que la operación concreta se cierre, cuando una de las cosas que los profesionales del tema tratamos de amarrar mejor es la confidencialidad y el secreto de las operaciones (no solamente antes de que se produzca sino en muchas ocasiones después del cierre).

 

Sea como fuere, y a pesar de las cláusulas contractuales que todos imponemos en los contratos, hay una especie de “incontinencia” que lleva a las partes, y a sus asesores, a hacer más anuncios, más publicidad o más comentarios de la cuenta a demasiadas personas (colegas, colaboradores, empleados, periodistas, asesores, trabajadores de alguna de las empresas que protagonizan la operación, o incluso a sus parejas, por no citar la situación casi de chiste de la cola del puente aéreo o en el AVE). Es una paradoja.

 

Pero en todo caso, sí podemos estar seguros de una cosa: la información que accede a los medios es normalmente interesada y muy parcial en cuanto a la operación concreta. Y si hablamos de las F&A en general, la información que llega a publicarse es realmente reducida: muchas operaciones pequeñas, y algunas de medianas, quedan fueran del “radar” de los medios, pasando desapercibidas.

 

Sea como fuere, volviendo al punto incial, a la idea central de este post (y de este blog), es que esto de las finanzas corporativas NO tiene que ver solamente ni principalmente con grandes operaciones sino con empresas de todo tamaño y condición. Y es muy triste ver cómo en la mayoría de operaciones de menor tamaño al menos una de las partes va “vendida”, no sabe por dónde van los tiros, con las lógicas consecuencias desagradables de la obtención de un menor precio que el que sería justo o, simplemente, el fracaso de la operación.

 

Por ello, una de nuestras intenciones primordiales es la de transmitir cierta información básica a quienes no han tenido la ocasión de trabajar en una operación de F&A o que, habiéndolo hecho, han tenido la sensación de que “la pelota pasaba alta”.

 

Obvio es que según el tamaño de la operación, ésta será más o menos sofisticada, con intervención de uno, varios o muchos profesionales especializados. Pero aún en el caso más simple, más pequeño, ciertos principios básicos (de formación de precio, de procedimiento, de condiciones contractuales esperables,…) son de universal aplicación. Desconocerlo es aumentar enormemente las posibilidades de hacer fracasar la operación.

 

Las finanzas corporativas, y la “ciencia” o el “arte” con que se trabajan, son aplicables a todas las operaciones, grandes o pequeñas, con las lógicas adaptaciones que el sentido común dicta. Pero no hay casi nada que sea propio de una operación mediana o grande que no sea aprovechable y muy útil en una operación pequeña, cambiando la escala, claro.

Oct 102009

Fusiones y adquisciones, a debate

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El Sant Cugat International Business Club se ha aproximado en su encuentro mensual a los aspectos relacionados con fusiones y adquisiciones en el ámbito de la empresa. Jordi Blasco y Martin Mayer de la empresa ARS Corporate han dado una visión general del coaching en los procesos de fusiones y adquisiciones y han destacado sobretodo la importancia del factor humano y de la confianza necesaria entre el coach y la dirección de la empresa. …”

 

Diario de Sant Cugat

 

fuente: Diario de Sant Cugat

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